Delirantes; Antojables; Deliciosas; Pecaminosas... El capricho que había tenido desde un tiempo atrás, se encontraba ahora entre caricias y colisión. Punto y aparte con los que no ven.
Quien sospecha, limita tocando por la ventana. Intenta disipar aquél frenesí de placer con interrupciones. Mientras tanto, las bebidas van mezclando su efecto con la adrenalina de ser atrapadas en ese lugar, en ese mismo instante, con consecuencias desastrosas. Ese veneno recorre desde la lengua hasta el corazón mientras las lenguas transitan otro camino.
Mantos largos y cortos con un porte sin igual cubren los cuerpos amigos con colores que te hacen voltear. Conquistan hasta al ser más necio y unos cuántos desearían investigar un poco más. Saber realmente qué hay detrás y al conseguirlo, quisiera seguir saboreando la sensación de aquél colapso nervioso. Del desborde de feromónas y la gran habilidad de las tres.
Un tercer ser incitador de fantasías, (propias claro está, pero fantasías en sí), funge como vigilante mientras no se entrega al placer. Un viven de rostros coreografiados a la perfección con las caricias. Una unión sin comparación de dos bocas preciosas; finas y tentadoras... suaves ¡Tan suaves! que inevitablemente se hicieron tres. Abandonó su puesto de centinela arriesgándose al caos.
Entregada al fin, gemía discretamente y acariciaba los pechos ajenos. Ella buscaba los botones que activaran su placer. Sus curvas... Sus curvas le sirvieron de camino a las palmas errantes hasta terminar en tierras de Venus. Presiones y convulsiones que les hacían disfrutar.
Fue un evento que no me supo explicar, no le alcanzaban las palabras. Pero de algo no me queda duda: Esa mujer, ¡Buscaba más!
"...Tienes que subir las escaleras, no temas, no te haremos daño. Eso, sigue así. Abre la puerta del ático, no tiene llave pero oculta algo ¿Ves toda esa ropa vieja? Tiene historias, tuvo dueño ¿Ya nos encontraste? ¡Anda, no tengas miedo! Abre el baúl, queremos conocerte, volverte a conocer en realidad porque, Poeta, odio que ya no nos ames. Nos diste la vida con tu poesía y ya no podemos vivir sin ella. Ahora que estamos aquí juntos de nuevo, nada nos va a separar..."
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martes, 11 de febrero de 2014
sábado, 6 de julio de 2013
Amores más freudianos que platónicos.
Hace tiempo
te saque de mis fantasías personales,
Esas que me
inspiran buen humor cuando mi día está aburrido,
Mas
desterrarte de mi mente, eso sí, no he podido.
Sigues ocultándote
en mi subconsciente,
De donde no
tengo autoridad de echarte.
Sigues de
cuando en cuando por mis sueños,
Sin que yo
te llame, apareciéndote.
¿Qué quieres
de mí, verdaderamente?
Si no eres
mío hoy, ni mañana, ni el mes que viene,
¿Qué haces
todavía rondando entre mis neuronas?
Mas hay un
lado masoquista en mí que,
Sin embargo,
no quiere que te vayas.
Y he de
confesar que, claro,
Tenerte en
mis sueños es un consuelo muy grato, pero...
...al salir
el sol, se diluye tu figura, tu aroma,
Tu sonrisa
picaresca, todo eso que de ti me gusta;
Caigo de
nuevo en cuenta que no estás para mí, que ajeno vagas.
Vuelve esa
frustración, ese querer destrozarte,
Y con cada
golpe, la vida arrebatarte.
¿Pues no es
acaso afrenta en mi producir tanta tentación,
Para luego
ser tan, a fin de cuentas, insatisfactorio?
¿Por qué no
te das cuenta del crimen que cometes?
Si no eres
mío hoy, ni mañana, ni nunca,
Empieza por
salir de mi cabeza y deja de propiciar -por favor- con tu sabido atractivo,
Que mi mente
te archive en la carpeta “Documentos freudiano-reprimidos”.
viernes, 24 de mayo de 2013
Un divagar del alma.
Horas son, las que paso aquí sentada. ¿Mi ocupación? Mirar
jardines a través de las ventanas, perderme inevitablemente con fantasías que
en el verde nacen, se expanden y me envuelven. Mi mente vaga de rama en rama y
se vuelve una con la luz que se filtra entre las hojas, pero yo… sigo vacía. Al
volver la vista el frente, regreso de mi viaje alegre sintiéndome una barca
frágil y pequeña que flota totalmente a la deriva. Y de nuevo recuerdo que las
presiones del mundo, la diaria vida y la rutina ignoran de mis patéticos miedos
personales y así, continúan moviéndome a voluntad. Intento mantener la dirección,
pero la vela débil de mi resolución es llevada y desgarrada sin más por
cualquier viento no amigable. Sé muy bien que no debe ser tal, mas me es
difícil de otro modo actuar; me pesa el confort de los hábitos, me falta la
pasión de un auténtico sueño.
Y encima de esto, ansío. Me la vivo ansiando, anhelando,
esperando… esperando algo que no vendrá,
esperando a alguien que no llegará, no, ya no, nunca más. ¿Qué pasa conmigo,
qué está mal? No encuentro alivio al vacío, no hallo sabor alguno al paso de
los días, un poco más y más seca me quedo y se me agota la energía. ¿Qué debo
hacer para ser parte del collage colorido y feliz de la primavera? ¿A quién
debo rezar para que regresen las ganas y el deseo perdidos?
Y tú, hombre del cielo enviado, tan lejos del alma, exiliado
de la vista, pero presente en cada melosa pareja que retoza en los jardines, y
encarnado hasta la médula de la memoria mía. Segura estoy que por tu mente no
se ha de cruzar ya el sonido que me daba nombre, no has de preguntarte ni qué
es de mí, ni si en ti estaré pensando, ni si por ti –preciado, soñado, espléndido-
mis penas se vienen de a poco acumulando, pero eso es todo en lo que yo a
diario pienso.
Que patético… Es patético, ¿a qué sí? ¡Yo, que soy burladora
del amor, supresora de emociones, pasiones y sentimientos, controladora de todo
aquello que del llamado “corazón” de derive y desboque! Heme aquí, molesta, perdida,
ansiosa, insatisfecha… doliente, por no tener para mí el cariño de un hombre; por
no tener tú cariño, mi cariño.
¿Cuántas cosas no me habré perdido de aquel trayecto ruboroso que nos lanzaba
en vuelo a los púberes recintos de lo que podría ser amor un día? ¿Qué tan
cerca no estuve de tener para mí tu boca, adueñarme de tus ojos e instalarme
para siempre en tus brazos? Un amor, un amor es lo que entre otras cosas me
pesa. Un amor es lo que ansío, es lo que anhelo, es parte de ese auténtico
sueño dorado que mi alma no vislumbraba sino hasta después de encontrarte.
¡Que simpleza, niño mío, que simpleza! Y también, ¡oh, que ironía!
Nunca más podré vagar fuera de mi cuerpo en el verde de los jardines sin
encontrarme allí con tú sonrisa, sin regresar al diario mundo sin una lágrima
asomando por la esquina de mi ojo. Ya no podré ir por la vida navegando sin
rumbo, sola, desesperanzada y fría después de haber estado en el cobijo de tu
afecto. Ahora sí, vaya a donde vaya, iré buscando tan adictivo calor, con
ilusión, con esperanza, con anhelo, aunque nunca encontraré aquel calor que tú
me diste. Que absurdo, que tonto… que triste.
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